Hay algo casi automático en muchas casas: si hay visita, tiene que haber algo dulce. Si es cumpleaños, pastel. Si es sobremesa, galletas, pan o postre. Si hay niños, dulces “para que se entretengan”. Y si alguien propone fruta, siempre aparece esa mirada compasiva que parece decir: qué noble intento, pero esto es una reunión …




