Hay algo curioso en las bebidas calientes: rara vez sentimos que estamos comiendo. Un café camino al trabajo parece café. El atole de la mañana parece acompañamiento. El chocolate caliente de una tarde fría entra en esa categoría mental donde también viven las cobijas y los calcetines gruesos: reconfortante, inocente, casi atmosférico. El cuerpo, por …