Durante el día respiras más o menos bien. Trabajas, comes, te distraes. Incluso llegas a pensar que el resfriado ya va de salida. Entonces te acuestas y aparece la congestión: en cuestión de minutos, una fosa nasal se cierra, luego la otra parece seguirle por solidaridad y dormir se convierte en una negociación absurda con …