Salud

Cómo dormir mejor cuando hay congestión

dormir con una congestión

Durante el día respiras más o menos bien. Trabajas, comes, te distraes. Incluso llegas a pensar que el resfriado ya va de salida. Entonces te acuestas y aparece la congestión: en cuestión de minutos, una fosa nasal se cierra, luego la otra parece seguirle por solidaridad y dormir se convierte en una negociación absurda con tu propia nariz.

La nariz tapada de noche no es imaginación. Estar acostado modifica la distribución de la sangre y de las secreciones en las vías respiratorias superiores, y eso puede hacer que la inflamación nasal se perciba con mayor intensidad. Si ya existe un resfriado, alergia o irritación, la posición horizontal puede hacer más evidente aquello que durante el día apenas molestaba.

La tentación es llenar el buró de jarabes, ungüentos, pastillas, sprays y cualquier cosa cuyo empaque incluya una persona durmiendo plácidamente. No siempre hace falta.

Para muchas personas con síntomas leves, preparar mejor las dos horas anteriores al sueño puede ser más útil que acumular remedios. Nada espectacular: humedad razonable, lavado nasal bien hecho, postura cómoda y un dormitorio que no esté conspirando contra las vías respiratorias.

¿Por qué la congestión parece esperar hasta que apagas la luz?

La nariz no es un simple tubo por donde pasa aire. Su interior contiene una red abundante de vasos sanguíneos y tejido que puede inflamarse.

Durante una infección respiratoria, las membranas nasales producen más moco y los tejidos pueden hincharse. Al acostarnos disminuye el efecto de la gravedad sobre el drenaje de las secreciones y podemos notar más presión o bloqueo.

Existe también el llamado ciclo nasal, un fenómeno normal por el que una fosa nasal se congestiona parcialmente mientras la otra queda más despejada, alternándose cada cierto tiempo. Normalmente ni lo notamos. Con un resfriado, ese mecanismo discreto puede sentirse como si alguien hubiera colocado un tapón.

Por eso cambiar de lado en la cama a veces provoca algo curioso: la fosa que queda abajo parece congestionarse más mientras la superior respira algo mejor.

No es que el virus tenga preferencias por la almohada. Es anatomía.

Una hora antes de dormir suele ser mejor momento para actuar que las tres de la mañana

Cuando uno ya lleva cuarenta minutos mirando el techo, cualquier solución parece urgente. Prepararse un poco antes evita llegar a ese punto.

Una ducha tibia puede resultar agradable porque el aire húmedo y el agua ayudan a aflojar temporalmente secreciones. No hace falta convertir el baño en un sauna ni acercar la cara a una olla con agua hirviendo. Las quemaduras por vapor son muy reales y no tienen nada de terapéutico.

Después puede hacerse una limpieza nasal con solución salina.

Los aerosoles salinos comerciales son una opción sencilla. Algunas personas prefieren irrigaciones con botella exprimible o dispositivos tipo neti pot. Aquí existe una regla que sí merece atención: el agua utilizada para irrigación nasal debe ser destilada, estéril o previamente hervida y enfriada, siguiendo las recomendaciones de autoridades sanitarias como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

El agua potable de la llave es segura para beber cuando cumple los estándares correspondientes, pero eso no significa que sea adecuada para introducirla directamente en los senos nasales. Es uno de esos detalles poco intuitivos que vale más que veinte trucos virales de internet.

Otra cosa que puedes hacer antes de dormir es tomar un té de Vick Pyrena, que suele ayudar a parar el escurrimiento nasal y el tapón de nariz que genera.

Dormir un poco más incorporado puede cambiar la noche

Cuando la congestión aumenta al estar completamente horizontal, elevar ligeramente la parte superior del cuerpo puede facilitar la comodidad.

La palabra clave es ligeramente.

Apilar cuatro almohadas únicamente debajo de la cabeza suele doblar el cuello como una sombrilla vieja y puede terminar creando otro problema: despertar con dolor cervical.

Resulta más cómodo elevar cabeza y torso de manera gradual con una almohada en cuña o una disposición que sostenga también hombros y parte superior de la espalda.

No existe un ángulo universal que cure la congestión. Se trata de encontrar una inclinación moderada en la que respirar resulte más fácil sin sacrificar la postura.

También puede ayudar dormir de lado. Si una fosa está particularmente obstruida, algunas personas perciben alivio al dejarla hacia arriba durante un rato.

Pequeños ajustes. Cero heroicidades.

lavado nasal

El dormitorio demasiado seco tampoco ayuda

En temporada fría, aire acondicionado intenso o calefacción pueden dejar el ambiente seco. La garganta se siente áspera, las secreciones más incómodas y respirar por la boca durante horas termina dejando esa sensación de haber dormido dentro de una caja de cartón.

Un humidificador puede resultar útil cuando el ambiente realmente está seco.

La Secretaria de Salud recomienda mantener la humedad relativa interior aproximadamente entre 30% y 50%. Superar demasiado esos niveles tampoco conviene: la humedad excesiva favorece problemas como moho y ácaros.

El aparato necesita limpieza frecuente. Un humidificador sucio puede dispersar microorganismos o minerales al ambiente, algo bastante irónico para un objeto comprado con la intención de respirar mejor.

Si tienes uno, sigue las instrucciones del fabricante, cambia el agua y limpia el depósito. Si no tienes, tampoco significa que debas comprarlo inmediatamente. Ventilar la habitación y evitar temperaturas exageradamente altas puede ser suficiente en muchos hogares.

¿Tomar algo caliente ayuda o solamente reconforta?

Puede hacer ambas cosas.

Una taza de té, caldo o simplemente agua tibia antes de acostarse ayuda a mantener la hidratación y puede aliviar temporalmente la sensación de garganta irritada. El líquido caliente no elimina un virus, pero tampoco necesita hacerlo para ser útil.

Un pequeño estudio publicado en Rhinology en 2008 comparó una bebida caliente con una bebida a temperatura ambiente en personas con síntomas de resfriado o influenza. La bebida caliente produjo mayor alivio subjetivo de síntomas como escurrimiento nasal, tos, estornudos y dolor de garganta, aunque las mediciones objetivas del flujo nasal no mostraron la misma transformación milagrosa.

Es una distinción interesante: sentirse mejor también cuenta, aun cuando la anatomía no haya cambiado radicalmente.

Para adultos y niños mayores de un año, la miel puede aliviar la tos nocturna en algunos casos. Nunca debe darse miel a bebés menores de 12 meses debido al riesgo de botulismo infantil.

Si tomar una bebida justo antes de acostarte te obliga a levantarte tres veces al baño, claro, hemos intercambiado un problema por otro. Beber líquidos a lo largo de la tarde y primeras horas de la noche suele ser más sensato.

El spray descongestionante funciona rápido. Ahí mismo está la trampa

Los descongestionantes nasales como la oximetazolina pueden aliviar la obstrucción con rapidez. Precisamente porque funcionan tan bien a corto plazo, es fácil empezar a utilizarlos noche tras noche.

Y ahí aparece un problema conocido como congestión de rebote o rinitis medicamentosa.

Las etiquetas de productos con oximetazolina suelen indicar que no se utilicen durante más de tres días consecutivos, salvo indicación médica. Prolongar su uso puede terminar empeorando la congestión cuando desaparece el efecto.

Es casi cómico: aquello que abre la nariz puede convertirse, por exceso de entusiasmo, en lo que después la mantiene cerrada.

Los descongestionantes orales tampoco son inocuos. Algunos, como la pseudoefedrina, pueden elevar la presión arterial, provocar palpitaciones o dificultar el sueño. Quienes padecen hipertensión, enfermedades cardiacas, problemas de próstata, glaucoma u otras condiciones deberían consultar a un profesional antes de utilizarlos.

Y si el objetivo es dormir, tomar un estimulante descongestionante tarde por la noche puede ser una estrategia con cierto talento para sabotearse a sí misma.

Cuando el problema no es el resfriado, sino todo lo que rodea la cama

Hay noches en las que la congestión tiene un cómplice.

Polvo en las superficies. Ácaros en textiles. Pelo de mascotas sobre la almohada. Humo de tabaco. Aromatizantes intensos. Incienso. Un ventilador apuntando directamente a la cara.

Si la congestión aparece de manera repetida al entrar a la recámara, dura semanas o está acompañada de estornudos frecuentes y comezón en ojos o nariz, una alergia podría estar participando.

En ese escenario, comprar cada noche un nuevo remedio para el resfriado nocturno puede ser como secar el piso mientras la llave sigue abierta.

Lavar la ropa de cama con regularidad, reducir acumulaciones de polvo y evitar humo dentro de la vivienda son medidas sencillas. Para personas con alergia confirmada a los ácaros, las fundas especiales para colchón y almohadas pueden formar parte de una estrategia más amplia indicada por un profesional.

No toda nariz tapada es una infección. Ese pequeño dato cambia bastante el tratamiento.

El teléfono tampoco es inocente en una mala noche

Esta parte no destapa la nariz, pero sí puede salvar el sueño.

Cuando cuesta respirar, es fácil agarrar el teléfono “solo un momento”. Media hora después estamos viendo videos sobre remedios con cebolla, calculando síntomas y leyendo historias médicas escritas por desconocidos a las 2:17 de la mañana.

La luz, la estimulación y el propio contenido dificultan desconectarse.

La American Academy of Sleep Medicine recomienda que los adultos duerman regularmente siete horas o más por noche para promover una salud adecuada. Durante un cuadro respiratorio, conseguir ese descanso puede ser difícil, precisamente cuando más se agradece.

Vale la pena dejar preparado lo básico antes de acostarse: agua, pañuelos y lo que realmente se vaya a utilizar. Después, poca luz y el teléfono un poco más lejos.

No convierte el descanso con gripa en una noche perfecta. Reduce fricciones, que ya es bastante.

nariz tapada

Una rutina nocturna sencilla puede ganarles a cinco remedios juntos

Para alguien con congestión leve, la noche podría organizarse sin demasiada ceremonia: ventilar un rato la habitación, tomar una ducha tibia si apetece, utilizar solución salina correctamente, beber algo, elevar un poco el torso y acostarse.

Si existe tos, una cucharadita de miel puede ser una opción para mayores de un año. Si se utiliza algún medicamento, mejor seguir la dosis del envase y evitar combinar productos sin comprobar sus ingredientes.

Muchos preparados “multisíntomas” contienen varias sustancias en una sola dosis. Es posible ingerir accidentalmente el mismo principio activo desde dos productos distintos, especialmente paracetamol —conocido también como acetaminofén—.

Más remedios no equivalen necesariamente a más alivio.

A veces equivalen solamente a más etiquetas sobre el buró.

Hay noches en las que la congestión merece otra clase de atención

Una nariz cerrada durante un resfriado común suele mejorar conforme pasa la infección. Pero hay síntomas que no deberían resolverse únicamente cambiando almohadas.

Busca atención médica urgente si aparece dificultad importante para respirar, labios o rostro azulados o grisáceos, confusión, dolor o presión persistente en el pecho, incapacidad para mantenerse despierto u otros signos de deterioro serio.

Conviene consultar también cuando los síntomas empeoran claramente después de haber comenzado a mejorar, duran más de lo esperado, existe fiebre persistente o aparecen dolor facial intenso y otros signos que hagan sospechar una complicación.

Las personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, inmunosupresión u otras enfermedades relevantes necesitan un umbral más bajo para pedir orientación profesional.

Y si existe una verdadera sensación de falta de aire, no hay que asumir que es “solo congestión”. Una nariz tapada y una dificultad respiratoria pulmonar son problemas muy distintos.

La noche tiene una habilidad especial para volver enormes las molestias pequeñas. El reloj avanza, todo está silencioso y cada respiración parece sonar más fuerte de lo normal.

Por eso quizá la mejor estrategia no sea buscar el remedio número seis.

Puede ser mucho menos dramática: limpiar la nariz de manera segura, ajustar la postura, mantener una habitación confortable y darle al cuerpo unas horas sin demasiadas interrupciones.

Y si mañana la congestión continúa, se vuelve más intensa o empieza a repetirse incluso cuando no estás resfriado, quizá la pregunta ya no sea cómo dormir con ella, sino por qué sigue apareciendo cada vez que te acuestas.